Los desastres y el riesgo

Prof. Lincoln Alayo Bernal
Las primeras crónicas de desastres datan del siglo XVI y desde ese momento, la forma en que la población y las autoridades han actuado frente a las emergencias ha entrañado una combinación de improvisada generosidad con abusos oportunistas.

Ocurría un desastre importante y sus efectos se iban olvidando con el paso de los años hasta que nuevamente la naturaleza mostraba su cara tenebrosa y la gente se veía obligada a sumergirse en la acción, como si las actividades meramente físicas de desenterrar de entre los escombros a muertos y heridos, ayudar a los vecinos a reconstruir y plantar de nuevo los campos, pudieran suavizar el hecho de que sería cuestión de tiempo hasta que la adversidad llamara a la puerta y hubiera que enfrentar un próximo desastre.
 
La realidad muestra que esta era la manera como se manejaban los desastres en las Américas hasta los primeros años de la década de los setenta. La mayor parte de las veces el socorro se prestó con mucha generosidad y solidaridad, pero adoptando medidas improvisadas y poco coordinadas, con lo que se presentaron problemas de competencia entre sectores y adicionalmente una respuesta internacional de ayuda que no era la más apropiada técnicamente o la más sensible culturalmente. Esta respuesta o fase de socorro que incluía la rehabilitación y reconstrucción inmediata, cada vez se hizo más frecuente y más compleja debido al crecimiento de la población expuesta al riesgo y a la dependencia en aumento de la sociedad respecto a servicios indispensables como agua, electricidad, comunicaciones, carreteras y puertos.
 
Estas experiencias traumáticas mostraron a los países la necesidad de organizarse con el fin de responder mejor a los diferentes problemas que generalmente acompañan a un desastre, es decir: rescatar a los sobrevivientes, atender a los heridos, apagar los incendios y controlar los escapes de sustancias peligrosas, brindar albergue, agua y alimentación a los damnificados, evacuar a las personas a lugares más seguros, establecer comunicaciones, resguardar la seguridad y el orden público, e identificar y disponer de los cadáveres, entre otros.
 
Varias catástrofes pusieron de relieve las deficiencias de una respuesta organizada. Asignar toda la responsabilidad a las fuerzas armadas u otro órgano similar, sin inversión previa de recursos y participación del resto de la nación, trae consigo una fase caótica en la que los sobrevivientes enfrentan además de la recepción de la asistencia, a veces contraproducente, de una multitud de organismo e instituciones locales, nacionales e internacionales que actúan, no sólo por mandato, sino también porque por buena voluntad quieren brindar ayuda a los que sufren los efectos del desastre.
 
La fase de respuesta es compleja, porque además de la gran cantidad de entidades que participan, el problema mayor radica en la toma de decisiones sin medir sus repercusiones. Se complica aún más si se pretende tomar decisiones y dirigir las operaciones sin conocer siquiera su funcionamiento en condiciones normales en lugar de coordinar los esfuerzos de los actores locales.
Los desastres NO son naturales.
Los desastres NO son naturales.
En todos los tiempos y culturas el ser humano generalmente ha tenido una actitud pasiva y facilista o ignorante frente a las dinámicas del medio ambiente físico. Aún está profundamente arraigado el considerar las manifestaciones violentas de la Naturaleza como designios de Dios o asuntos ineludibles de la Naturaleza misma.
 
Es común que ello se exprese en actitudes fatalistas, de resignación y postración, o simplemente de rechazo frente a un tema en el cual el bienestar o incluso la vida están comprometidos en un futuro incierto. Planificar con el factor riesgo es, fundamentalmente (y el término mismo lo implica) un proceso de toma de decisiones frente a incertidumbre. Cada vez más, se espera un estrecho compromiso entre la búsqueda de mejor calidad de vida, de opciones de desarrollo y de la menor influencia adversa sobre el Medio Ambiente, llo que conduce a la necesidad de entender la complejidad del problema del manejo de riesgos, tratando sus diversas facetas: culturales, históricas, antropológicas, científico-naturales, técnicas, económicas, psicológicos, entre otras.
 
Gran parte del riesgo asociado a los fenómenos naturales puede atribuirse a problemas de percepción. Así como el riesgo de los fenómenos de evolución rápida (p. ej. sismos) no se percibe bien por su escasa ocurrencia, el riesgo que causan fenómenos de evolución lenta, generalmente no es percibido adecuadamente por esa característica, su lento y poco violento desarrollo. La escasa percepción de riesgos también puede deberse a negaciones individuales y colectivas que, incluso en lapsos de pocos años, pueden borrar de la memoria la ocurrencia de fenómenos amenazantes.
 
Para aportar a una nueva visión de los fenómenos amenazantes, de la vulnerabilidad de poblaciones y sobre todo, al entendimiento que los desastres no sólo son producidos por eventos de gran magnitud que ocasionalmente afectan extensas regiones y producen ingentes daño si no que en nuestro medio socioeconómico y cultural hacen parte de la cotidianidad y que, probablemente, están creciendo en frecuencia y en efectos.
 
Esta información, o la más reciente sobre los centenares de eventos desastrosos, desde los que afectan a individuos y pequeñas comunidades hasta los que producen víctimas fatales, reportados en los últimos meses, serían motivo suficiente para que en la memoria colectiva mundial se pensara más en la responsabilidad que le cabe frente a su interacción con la Sociedad y con la Naturaleza, siempre dinámica y actuante según leyes naturales y jurídicas, que a veces se nos olvidan
 

Huaicos en Chosica: Lección no aprendida

Por: Hugo O’Connor (*)
Por: Hugo O’Connor (*)

El 5 de abril pasado, luego de 25 años, se repite la generación de importantes huaicos de carácter destructivo en Chosica, una zona por demás propensa, geográfica y demográficamente a estos eventos naturales, que se convierten en desastre por la extrema vulnerabilidad en que se encuentra.


Durante ese lapso, se han presentado huaicos de menores proporciones en algunas de las quebradas que rodean esta ciudad. En la década pasada, se construyeron diversos diques de retención de sólidos, (algunos de ellos hechos de manera deficiente) en quebradas como Quirio, Pedregal, Corrales y La Ronda, cumpliendo parcialmente la reducción de flujos de lodo y en menor medida de rocas o boleos, característicos de los huaicos en esta zona. Luego de los eventos de abril, estos diques han quedado colmatados.

Las zonas más afectadas en la ciudad de Chosica fueron donde se han edificado viviendas que bloquean el drenaje natural de las quebradas y cárcavas que contienen material rocoso suelto, habiendo sido esta vez la más afectada la microcuenca Mariscal Castilla, donde se emplaza el A.H. de ese mismo nombre, el AH San Juan de Bellavista y en la parte baja, la Cooperativa de Vivienda Pablo Patrón y el conjunto habitacional La Florida.


En el caso de quebradas y cárcavas no canalizadas, los flujos se desplazaron por las calles que descienden de éstas, produciendo gran impacto y/o colmatación de las primeras plantas de las viviendas situadas en ambos flancos, llegando incluso a dañar o demoler muros y columnas de concreto armado de algunas casas. En estas viviendas, los boleos han alcanzado incluso la segunda planta, debido a la energía del huaico en quebradas de muy alta pendiente.

Luego de este desastre, se ha producido el corte de servicios básicos, especialmente de agua y desagüe en las zonas más afectadas, desabasteciéndolas por varios días. El corte del suministro eléctrico de un sector de Chosica se ordenó para prevenir incendios o cortocircuitos en las zonas afectadas.


La respuesta de los sectores Transporte y Salud ha sido rápida, pero limitada al rescate de sobrevivientes y limpieza de las arterias principales como la Carretera Central. A cuatro días de estos eventos, ya se había restablecido el tránsito de esta vía principal que comunica el Centro del país con la capital, sin embargo la remoción de escombros se ha extendido por casi 2 meses. La limpieza de los cauces colmatados se viene dando sin ningún criterio técnico y en el caso de la Cooperativa Pablo Patrón, incrementando su vulnerabilidad al amontonar irresponsablemente el material excavado sobre el nivel de las casas.

Por otro lado, las autoridades municipales, tanto distrital como provincial ignoraron las alertas de los organismos especializados como es el SENAMHI y la apertura de cauces hasta el río aún sigue pendiente.


Se evidencia que ni 25 años no son suficientes para aprender la lección y actuar en la prevención de estos desastres, que si se podrían evitar. Por el contrario, gracias a autoridades corruptas como el alcalde Bueno (5 períodos en el cargo) y la indiferencia general, se siguen poblando más y más quebradas de alto peligro, como es el caso de California, donde se siguen negociando lotes a diestra y siniestra. Prueba de ello es una empresa urbanizadora "Sol de California" que vende terrenos en pleno cauce del huaico.

El nuevo desastre ocurrido en Chosica, con un saldo de 2 personas muertas y centenares de viviendas destruidas reitera que esta ciudad, como muchas en nuestro país, vive de espaldas a la naturaleza y se resiste a la planificación urbana y el ordenamiento territorial.


Por lo pronto, se requiere elaborar estudios de riesgo para cada quebrada que ya ha mostrado su grado de peligrosidad. Estos estudios pueden sustentar técnicamente el ancho de los cauces a respetar hasta el río y qué viviendas tienen que ser reubicadas, así como las obras de protección por ejecutar, a partir del presupuesto municipal. .


(*) Ingeniero Civil, con 20 años de experiencia en la gestión de riesgo de desastres.

 

http://www.nosotrosperu.org/

Del SINADECI al SINAGERD ¡Más que un cambio de nombre!

Por Felipe Parado Paredes

Sociólogo

Coordinador proyecto Dipecho VII, sede Arequipa

 

El 19 de febrero de 2011 se promulga en el país, la Ley Nº 29664 que crea el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres – SINAGERD, que reemplaza al Sistema Nacional de Defensa Civil - SINADECI, luego de 39 años de vigencia rectora en el tema de los desastres en el Perú.

 

La importancia de la nueva ley es que significa un cambio en la manera de entender y enfrentar los desastres. La GESTIÓN DEL RIESGO DE DESASTRES considera que la causa de los desastres está en el desarrollo entendido sólo como crecimiento económico, que explota sin control los recursos naturales; condiciona la ocupación irracional del espacio territorial; y exacerba el empobrecimiento y marginación de grandes masas poblacionales.

 

Por lo tanto se propone que para prevenir realmente los desastres, la gestión del riesgo debe ser parte esencial en todos los procesos de planificación, de ordenamiento territorial, de gestión ambiental y de inversión pública, de todas las entidades públicas y en todos los niveles de gobierno. De esa forma se podría calcular anticipadamente los daños y pérdidas que se producirían, y por lo tanto también planificar las acciones y los costos para reducir al mínimo los daños calculados.

 

El SINAGERD plantea que la Política Nacional de Gestión de Riesgo se establece sobre la base de tres componentes (gestión prospectiva, gestión correctiva, gestión reactiva); y se implementa mediante cuatro procesos (estimación del riesgo, prevención y reducción del riesgo, preparación-respuesta-rehabilitación, y reconstrucción)

 

a. Componentes de la Gestión del Riesgo de Desastres:

 

1. GESTIÓN PROSPECTIVA

Conjunto de acciones que se planifican y realizan con el fin de evitar y prevenir la conformación de riesgo futuro que podría originarse con el desarrollo  de nuevas inversiones y proyectos en el territorio.


2. GESTIÓN CORRECTIVA

Conjunto de acciones que se planifican y realizan con el objeto de corregir o mitigar el riesgo existente

 

3. GESTIÓN REACTIVA

Conjunto de acciones y medidas destinadas a enfrentar los desastres, ya sea por un peligro inminente o por la materialización del riesgo

 

b. Procesos de la Gestión del Riesgo de Desastres:

 

1. ESTIMACIÓN DEL RIESGO

Generar conocimiento de peligros, analizar la vulnerabilidad y establecer los niveles de riesgo, para la toma de decisiones en la GRD

 

2. PREVENCIÓN DEL RIESGO

Evitar la generación de nuevos riesgos en el contexto del desarrollo sostenible

 

2.1 REDUCCIÓN DEL RIESGO

Reducir las vulnerabilidades y riesgos existentes en el contexto del desarrollo sostenible

 

3. PREPARACIÓN

Planear, desarrollar capacidades, etc., para responder en forma eficiente y eficaz ante un desastre

  

3.1  RESPUESTA

Acciones y actividades que se ejecutan ante un desastre, inmediatamente ocurrido éste

 

3.2. REHABILITACIÓN

Restablecer los servicios básicos Indispensables e inicio de la recuperación de daños

 

4. RECONSTRUCCIÓN

Establecer condiciones sostenibles de desarrollo en áreas afectadas para reducir el riesgo anterior al desastre y asegurar la recuperación física, económica y social

 

La presente ley representa un verdadero impulso para la generación de una cultura de la prevención, tanto en las entidades públicas, privadas y en la ciudadanía en general, y esa cultura es pilar fundamental para la promoción del desarrollo sostenible y la interiorización de la gestión de riesgo de desastre.




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