Parece una maldición: cada vez que llueve fuerte en la sierra de Lima, los huaycos destruyen viviendas, cultivos y varios tramos de la Carretera Central. ¿Se pueden evitar? ¿Podemos detenerlos antes de que causen daño? Autoridades y expertos dan algunas propuestas. Porque no podemos limitarnos a limpiar el desastre

Maldita avalancha

Hay 231 zonas susceptibles de peligros geológicos a lo largo de la Carretera Central

El huayco que cayó en Tambo de Viso el jueves 25 afectó la vía férrea. Foto: Javier Quispe.
El huayco que cayó en Tambo de Viso el jueves 25 afectó la vía férrea. Foto: Javier Quispe.

Lima, 9 de marzo de 2016 (Diario La República).- Son 231 lugares en los que a usted, conductor o pasajero que va de Lima a la Sierra o viceversa, le podría ocurrir alguna de estas cosas: quedar sepultado por un huayco o una avalancha, ver cómo el río Rímac inunda la calzada, recibir un derrumbe de piedras sobre la cabeza, entre varios otros posibles accidentes.

 

Los puntos de peligro de huayco en la Carretera Central son 54. Los de peligro de inundación, 51. La información ha sido recogida por el estatal Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (INGEMMET) y forma parte de un informe sobre zonas vulnerables en el país que está en elaboración. Asusta un poco, sí.

 

Los pasajeros que la tarde del jueves 25 estaban en el kilómetro 80 de la Carretera Central transitaron por uno de esos puntos: la quebrada Tambo de Viso, en el distrito de San Mateo, provincia de Huarochirí. Durante el Fenómeno El Niño de 1998, un huayco que bajó por ese cauce destruyó 300 metros de la pista y 500 de la vía férrea. Dieciocho años después, otro flujo de lodo y piedras descendió con furia por el mismo camino, destruyó 500 metros de carretera, provocó el desborde del Rímac y obligó a paralizar el tránsito vehicular durante casi seis días.

 

Hace 18 años que se sabía que por Tambo de Viso podía caer un huayco. Desde 1987 se sabía que las quebradas El Pedregal, Quirio y Corrales, en Chosica, eran ruta de huaycos porque lo fueron en 1987 y, sin embargo, cuando ocurrió el desastre de marzo del año pasado fue como si nada (o casi nada) se hubiera hecho.

 

¿Debemos resignarnos a que cada vez que haya fuertes lluvias en la sierra de Lima, sobrevengan los huaycos y, muy probablemente, se interrumpa el tránsito en la Carretera Central, se destruyan viviendas y mueran ciudadanos? ¿Nuestra reacción ante estos acontecimientos solo puede ser limitarnos a limpiar el desastre? Acudimos a los expertos.

 

Tomás Alfaro, director de Estudios de Proyectos Hidráulicos Multisectoriales de la Autoridad Nacional del Agua (ANA).

 

Sandra Villacorta, geóloga de la Dirección de Geología Ambiental y Riesgo Geológico del INGEMMET.

 

Gilberto Romero, director del Centro de Estudios y Prevención de Desastres (PREDES).

 

Expertos del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción de Riesgos de Desastres (CENEPRED) respondieron un cuestionario escrito.

 

La respuesta común fue que no, no se puede evitar que cada vez que llueve torrencialmente en Lima se produzcan huaycos.

 

Pero se puede hacer muchas otras cosas para prevenir los daños materiales y humanos.

 

Algo está haciendo el gobierno. Pero hay mucho que se ha dejado de hacer.

 

Zona forestada en la ladera del cerro del A.H. El Volante, en Independencia.
Zona forestada en la ladera del cerro del A.H. El Volante, en Independencia.

Árboles para los cerros

Hay un procedimiento que se menciona hace muchos años: reforestar los cerros. Sobre todo las partes altas, donde caen las lluvias, y en las medias, donde se acumulan los detritos (tierra y piedras sueltas). 

PREDES lo está haciendo en los cerros de Independencia, para prevenir derrumbes. Está sembrando huaranguillo, palo verde, molle y mimosa. 

 

En 2009, el entonces ministro del Ambiente, Antonio Brack, anunció que su sector iniciaría un plan de forestación de 20 mil has en la cuenca media y alta del Rímac con el fin de prevenir los huaycos.

 

Le preguntamos a los actuales funcionarios del ministerio en qué quedó ese anuncio. No encontraron nada en sus archivos que hiciera pensar que ese plan se puso en marcha.

 

Tomás Alfaro, de la ANA, coincide en que se necesita con urgencia un plan de forestación de toda la cuenca, sobre todo en las quebradas peligrosas. Él calcula que hay al menos una veintena de quebradas que tendrían que ser intervenidas a lo largo de la Carretera Central. Nueve de ellas están en Chosica.

 

Otra medida es hacer obras de infraestructura para reducir la fuerza de los huaycos. En los ochenta, PREDES construyó nueve diques transversales en la quebrada El Pedregal y colaboró en la instalación de una veintena más junto a Defensa Civil y las autoridades locales. Después de las avalanchas de marzo del año pasado, fueron  a verlos. Muchos estaban dañados y varios, destruidos.

 

La ANA acaba de instalar 22 mallas de acero en nueve quebradas de Chosica. Estas mallas tratarán de detener y acumular las piedras y rocas de los huaycos. No hay que olvidar que todas las quebradas en las que hubo huaycos en el pasado siempre serán escenarios posibles de deslizamientos futuros. Solo hace falta lluvias de cierta intensidad en cierta zona de los cerros. Entonces, las quebradas dormidas se activarán. La naturaleza descenderá, furiosa.

 

Hay quienes dudan de que las mallas sean suficientes para atajar los huaycos. Algunos proponen medidas más ambiciosas. Sandra Villacorta, de INGEMMET, es una de ellas.

Represas gigantescas

El año pasado, Villacorta siguió en Japón un curso sobre gestión de desastres en deslizamientos de tierra. Allí conoció la tecnología SABO, del instituto del mismo nombre. Y quedó convencida de que debía ponerse en práctica, al menos experimentalmente, en Perú.

 

La propuesta central de la tecnología SABO es construir varias represas de concreto en los cauces de las quebradas. Estructuras enormes, de hasta 10 metros de altura y 50 de ancho, que aguanten efectivamente las rocas. Complementarlas con pequeños diques disipadores, con canales de drenaje, con trabajos de forestación en la parte alta y media y de canalización de los cauces en la parte baja, y con la delimitación de un área como depósito final de detritos.

 

Gilberto Romero Zeballos, presidente del Consejo Directivo de Predes.
Gilberto Romero Zeballos, presidente del Consejo Directivo de Predes.

Gilberto Romero, de PREDES, recuerda que después de los huaycos de 1987, la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA) presentó a Defensa Civil un plan maestro para implementar la tecnología SABO en las quebradas de Chosica, pero que aquello quedó en nada. Rodolfo Soeda, funcionario de la JICA, confirmó a Domingo que la propuesta existió y que, hasta donde él sabía, Perú nunca respondió.

 

Villacorta admite que usar la tecnología SABO será costoso, pero cree que podría hacerse, al menos un piloto para medir su eficacia. Ella tiene un bosquejo para la quebrada Rayos de Sol. La cooperación internacional podría echar una mano.

 

Pero hay un componente clave tanto en la propuesta SABO como en las recomendaciones que han hecho INGEMMET, la ANA, CENAPRED y varias otras instituciones sobre lo que debe hacerse en las quebradas de Chosica y en otras de la Carretera Central. Se trata de la reubicación.

 

Quebradas sin vecinos

En abril del año pasado, Sandra Villacorta y otros expertos de INGEMMET elaboraron un informe que explicaba qué había ocurrido en los huaycos de Chosica. El documento, como es usual, terminaba con una serie de conclusiones y recomendaciones. La primera de las recomendaciones era clarísima: hay que reubicar a los vecinos que viven en los cauces de las quebradas.

 

El informe de INGEMMET sirvió de base para el de estudio de análisis de riesgo de CENEPRED y el de poblaciones vulnerables de ANA. Fundamentó la decisión del Ministerio de Vivienda de trasladar, en una primera etapa, a 140 familias de la quebrada Carossio. Sandra Villacorta considera que todas las familias que están en el cauce de las nueve quebradas deben salir. Esas quebradas solo están dormidas. En algún momento se van a despertar.

 

La cuenca del Rímac, por donde serpentea la Carretera Central, es una zona que ha sido azotada por huaycos desde hace mucho. Se están tomando medidas para protegerla pero también hay muchas cosas que se han dejado de hacer. Cada vez que transitamos por esta vía y llueve fuerte, surcamos 231 puntos de peligro latente. Parece cuestión de probabilidades. Y por supuesto que asusta.

 

Link a la nota original: http://goo.gl/jUL3qw 

 

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